Fue un edificio precioso, restaurado con todo el lujo que la explotación de una raza por otra permitió. Ahí, alguien de Nueva York, esa ciudad tan importante y cosmopolita que nada ha de entender de nosotros y que no ha de saber del daño de su gente a la mía. Ese alguien, organizó una exposición, agarró a los más blancos del continente, a esos que le parecieron más humanos, más europeos, menos inferiores y contó la historia de las desapariciones. A pesar de la cantidad de contrastes que implicaba esa exposición, logró reflejar lo largo y lo sistemático que ha sido la práctica de las desapariciones para con los latinoamericanos. Esa definición de nuestro continente contrasta con el cliché de latinos, calenturientos, fiesteros y bailadores. Me pregunto si alguien dirá, los latinos, "esos que bailan salsa, se les desaparece si piensan diferente y se les expulsa si se nos acercan."
En fin, esa muestra, tan llena de contrastes para mi, tan cierta por un lado, tan mal reflejada por otro, no fue cualquier exposición en mi vida. Fue importante, porque tocó tanto a mi madre que reveló una parte de mi pasado que no sabía, no sé qué tanto esta historia es mía, pero seguro si es de mi madre y por tanto me atañe.
Mi padre, cuyo nombre de guerra era Manuel, le dijo a mi madre que si algo le pasaba a él, que no lo buscara, que si lo buscaba, la podrían implicar y por ello torturarla y matarla. Si algo le pasaba a mi madre él la buscaría… él la buscaría… él volvería. Si él no volvía, que lo viera en las cosas lindas, en las sonrisas de los niños, como decía un poema. Él sabía a lo que se metía, no fue ingenuo en tomar esa decisión. Me pregunto si sabía que cuando alguien lo ama, no se debe de jugar con esa vida. Probablemente sabía de las injusticias de este mundo, de estas razas. Probablemente creía mucho en sus valores. Probablemente sabía lo que sacrificaba, probablemente nunca se imaginó que iba a pasar. Me pregunto si alguien lo culpa, no lo sé, pero sé que alguien lo recuerda todo el tiempo, mi madre.
Boris, su hermano, también se había involucrado en la guerrilla. En 1980 se alistó a un campamento donde la naciente guerrilla entrenaba a sus miembros para la ofensiva de 1981. El ejército descubrió el campamento y los mató a todos. Emilio o Manuel, como se llamaba mi padre, le dijo a su madre, le dio la noticia a mi abuela que su hijo menor había muerto.
Debió haber habido muchas esperanzas en ese año de miedos. Mi padre vino a Guatemala, a una misión, luego regresó donde mi madre, donde mi hermano, y ahora, donde yo estaba, y le dijo a mi madre que iba a otra misión a Honduras, a ver a Roco. Un hombre que era de la guerrilla, que había sido apresado y luego liberado, y en ese momento vivía en Honduras. Una misión que era muy peligrosa, alguien que había estado en la cárcel, probablemente torturado y forzado a cualquier cosa por los militares de ese momento, y misteriosamente liberado. Él se fue. Se fue.
Pasaron tres semanas y no regresó, mi madre se empezó a preguntar qué pasaba, pero no debía preguntar, tres vidas estaban en riesgo. De repente en una parada de bus en San Salvador se encontró a la pareja de Roco, le preguntó a la mujer si sabía de Emilio, y ella le dijo que había sido apresado en la frontera con Honduras, pero que había sido liberado y que estaba en Costa Rica. Mi madre sabía que la misión de mi padre era transportar armas. Lo habían detenido en la frontera, con un cargamento de armas.
Pero estaba libre, estaba en Costa Rica. Si algo pasa no me busqués, yo volveré, yo te buscaré. Pasó un año, pasó otro. Nuevamente se encontró a la pareja de Roco, y le volvió a preguntar. Y ella dijo, la información sigue siendo la misma. Para mi madre el tiempo se había detenido hace tres años, hace tres años el tiempo no pasaba. Dos años después, en un periódico se publica que Roco había sido ajusticiado por la guerrilla. La guerrilla ajusticiaba a los que la traicionaban. Roco, se confirmaba, era alguien que pasaba la información al gobierno. Él había entregado a mi padre, la guerrilla lo había matado. Cuántas vidas habrá él denunciado. No pudo más, mi madre preguntó a una guerrillera amiga, Ethel, yo, la recuerdo, la recuerdo llegar en la noche al apartamento, nunca intuí que viniera de la guerra, yo no tenía más de 5 años. Ella averiguó, Roco era efectivamente oreja, mi padre había sido capturado efectivamente en la frontera entre Honduras y El Salvador, pero nadie había sabido más de él. Era 1985, saber más era peligroso, hablar de la verdad era peligroso. Eso mi madre lo supo, han pasado 16 años desde que terminó la guerra. Hoy supe de mi padre.
Antes de 1985, cuando la muerte no era cierta, un familiar llegó a buscar a mi madre para preguntar por mi padre, justo después de uno de los episodios con la pareja de Roco. Habrá sido ella oreja, no lo sabemos. Pero ahí nació la respuesta de mi madre, una respuesta que me acompañó eventualmente durante mi niñez. Emilio se fue a Canadá. A mi abuela también le dijo lo mismo, ¿que se dice cuando alguien desaparece? ¿Se le declara muerto en la mente? ¿Qué decir cuando preguntar puede traer la muerte? Pero después de un tiempo mi madre le tuvo que decir a mi abuela que él último hijo que ella pensaba vivo también había muerto. Sus ojos se llenaron de una honda tristeza, sus tres hijos habían muerto, cargó desde entonces con la soledad de fondo que siempre le vi, y con su humor retorcido que tanto me encantó, solo exclamó tonto. ¿Y cómo seguir viviendo? Recuerdo que una vez le pregunté a mi madre frente a mi abuela, que en el colegio los niños se reían porque no tenía padre, que qué les decía. Y mi abuela me dijo, deciles que tu papá está en Canadá. Ellas sabían que esa mentira salvaba vidas, que un niño pregonando que a su papá lo había matado el ejército era un arma perfecta para la familia. El 16 de enero de 1992 mi familia se reunió para celebrar el fin de la guerra, todos iríamos a la plaza cívica, donde celebraba la guerrilla. Nadie me explicó nada pero yo pensé, si la guerra terminó mi papá volverá, busqué en medio de la gente, pero nunca vi a nadie correr para abrazarnos. La plaza tenía una energía enorme, que a pesar de no encontrar a ese padre, ha sido uno de los días más emocionantes de mi vida, hubo una energía que era más grande que uno mismo, son esos momentos de la historia que nos sobrepasan.
Una de las exposiciones en antigua era sobre todas las mujeres argentinas, que embarazadas, fueron torturadas y desaparecidas. Al salir mi madre dijo, esos pudimos haber sido nosotros. Y yo pensé en el país y dije, peores cosas pasaron, y no solo a las madres, sino a todos. Y luego entendí, que el nosotros éramos ella y yo, nadie más en este mundo, que los dos que salíamos de esa exposición, podríamos haber sido los muertos que nadie busca. 28 años han pasado desde que mi padre está desaparecido, ayer su mujer lo volvió a llorar.
Guatemala, julio de 2008
2 commentaires:
"¿que se dice cuando alguien desaparece? ¿Se le declara muerto en la mente? ¿Qué decir cuando preguntar puede traer la muerte?" quisiera tener la respuesta a cada una de esas preguntas. Porque a veces en las noches me han asaltado y siempre llego a lo mismo: no sé que responder. Gracias porque a través de tus palabras me sentí acompañada en esa ausencia que esta ahi, sin saber como llenarse. Un abrazo.
Gracias Xochitl. Gracias por recordarme que fuimos muchos los que vivimos esto, y por también hacerme sentir acompañado. No sé cual debería ser la respuesta. Pero creo que lo que como salvadoreño (pueblo sabio) hemos hecho es sobrevivir, aprender que la vida no se murió ahí. Y seguir buscando la vida. Aunque claro no es nada facil y mucho menos simple. Una cosa que me sorprendió y siempre admiré de Rufina Amaya, es que después de haber vivido todo lo que vivió, de perder a su familia. Adoptó unos niños. Dejar que el flujo de la vida sigue.
Abrazos
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